«En algún momento se van a dar cuenta de que no soy tan buena/o como creen.» Si esta frase te resulta familiar, no eres la única persona haciendo un doctorado que la piensa: el síndrome del impostor es uno de los compañeros de viaje más comunes, y más silenciados, de la vida académica.
Cuando cada logro sabe a casualidad
Publicar un artículo, que te acepten en un congreso, recibir buenos comentarios de tu director o directora de tesis… y aun así seguir pensando «he tenido suerte» o «cualquiera lo habría hecho mejor». El síndrome del impostor no tiene que ver con tu nivel real de competencia, sino con la dificultad para reconocer e interiorizar tus propios logros. Cuanto más avanzas, más presión sientes por sostener una imagen que, en el fondo, no sientes que te representa.
El doctorado, un caldo de cultivo perfecto para la autoexigencia
Investigar es, por definición, adentrarse en lo que todavía no se sabe. Eso ya genera una incertidumbre constante. Si a eso le sumamos la comparación con compañeros y compañeras, la presión por publicar, una relación de dependencia con la figura de dirección de tesis y una cultura académica que rara vez habla de sus costes emocionales, no es extraño que la sensación de no dar la talla se instale con fuerza.
No eres un fraude, estás aprendiendo algo nuevo
Sentir dudas, no saber por dónde continuar o necesitar volver a leer algo varias veces no son señales de que no perteneces al doctorado: son parte inevitable de estar aprendiendo a investigar en la frontera del conocimiento. La exigencia de saberlo todo desde el principio es, en realidad, incompatible con lo que significa hacer un doctorado.
Un espacio para dejar de sostenerlo en soledad
Este pequeño ejercicio te puede ayudar a empezar a mirar el síndrome del impostor de otra forma:
- Escribe tres logros de tu trayectoria académica y, junto a cada uno, las habilidades o el esfuerzo real que había detrás (no solo «suerte» o «casualidad»).
- Identifica qué pensamiento aparece justo antes de sentirte un fraude («no debería tener dudas», «todos saben más que yo»).
- Pregúntate si le dirías eso mismo a un compañero o compañera en tu misma situación.
- Anota una frase más realista para sustituir ese pensamiento, por ejemplo: «estoy aprendiendo algo difícil, y eso también forma parte del proceso».
No tienes que atravesar esto en soledad. En A flor de ment tenemos un taller de acompañamiento pensado específicamente para estudiantes de doctorado, un espacio donde poner en común estas dudas con otras personas que están viviendo procesos parecidos, y sentir que no eres la excepción que finge saber.



