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Cuidar hasta desaparecer: el burnout en médicos y enfermeras

Elegiste una profesión que cuida vidas. Pero, ¿quién cuida la tuya cuando el cansancio ya no se va ni durmiendo, cuando entras a trabajar con un nudo en el estómago o cuando sientes que ya no te queda nada más que dar? Si esto te resuena, es probable que estés atravesando un síndrome de burnout, y no estás solo/a.

Cuando la vocación se convierte en desgaste

La mayoría de médicos y enfermeras eligieron su profesión desde la vocación de cuidar. Pero turnos interminables, decisiones de alto impacto, falta de recursos y la exposición constante al sufrimiento ajeno pueden ir vaciando esa vocación hasta convertirla en puro desgaste. El burnout no aparece de un día para otro: se instala poco a poco, casi sin que te des cuenta, hasta que un día ya no reconoces las ganas con las que empezaste.

Las señales que solemos ignorar

Cansancio que no mejora con el descanso, irritabilidad, desconexión emocional de los pacientes, sensación de que nada de lo que haces es suficiente, dolores físicos sin causa clara: son señales que el cuerpo y la mente envían mucho antes de que lleguemos a un punto de crisis. En un entorno donde «aguantar» se valora tanto, es fácil aprender a normalizarlas en lugar de atenderlas.

El mito de «aguantar es lo que toca»

En muchos entornos sanitarios existe la creencia implícita de que quejarse o pedir ayuda es sinónimo de debilidad o de no estar a la altura. Esta idea es, precisamente, una de las que más perpetúa el burnout: cuanto más se normaliza el sacrificio, más difícil resulta pedir ayuda a tiempo. Cuidar de tu salud mental no te hace peor profesional; te permite seguir ejerciendo con la calidad humana que te llevó a esta profesión.

Recuperar espacio para ti

Este pequeño ejercicio puede ayudarte a empezar a poner límites al desgaste:

  1. Al terminar el turno, dedica dos minutos a nombrar (para ti, en silencio o en voz alta) tres cosas que hoy te han costado.
  2. Pregúntate qué necesitarías, aunque ahora mismo no puedas dártelo del todo.
  3. Elige una sola cosa pequeña que sí esté en tu mano hacer hoy por ti: una ducha sin prisa, diez minutos de silencio, llamar a alguien que te sostenga.
  4. Antes de dormir, recuerda un momento del día en el que tu trabajo tuvo sentido, por pequeño que fuera.

El burnout no se resuelve solo con «desconectar un fin de semana»: necesita ser mirado y acompañado. En A flor de ment trabajamos con profesionales sanitarios para ayudarles a recuperar el equilibrio entre cuidar a los demás y cuidarse a sí mismos.